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Creencias populares y santos milagrosos

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 Cosmovisión Mapuche

En la necesidad de explicar su mundo, formular juicios y jerarquizar valores, la cultura mapuche está dotada de un rico bagaje de creencias, así como de una variedad de ritos que permiten al hombre ponerse en contacto con las fuerzas de la naturaleza y las sobrenaturales. El MACHI o chamán, que pone en contacto y media entre estos dos mundos, juega un papel fundamental en este sistema cosmológico.

La región celeste o wenu mapu está poblada de una pléyade de dioses que ocupan distintos lugares en una jerarquía bien establecida. En la cúspide del panteón se encuentra un personaje mítico que actualmente designan con el nombre de NGENEMAPUN , "dueño de la tierra", o NGENECHEN, "dueño de los hombres". Este rey o principal es poseedor de dos pares de atributos opuestos: sexo masculino-sexo femenino y juventud-ancianidad, los que dan origen a cuatro personajes: el Anciano, la Anciana, el Joven y la Muchacha. Este ser supremo llevó al pueblo mapuche al lugar que hoy habita y vela eternamente por su bienestar. Vive en un lugar indeterminado de las regiones superiores del cielo. (Ver DUALIDAD)

Algunos cuerpos celestiales como la luna (killén), el lucero del alba (wuñelfe) y las estrellas (wanglén), también están deificados, y su influencia se hará sentir directamente sobre el chamán, cuyas dotes premonitorias y de taumaturgia dependen de estos seres astrales. En las rogativas se solicita la intercesión de seres ya fallecidos que han alcanzado alturas míticas. De este modo, se invoca a los guerreros, caciques y antiguos machi. Los antecesores y fundadores de los linajes también han pasado a tener un lugar en el cielo o wenu mapu y de ellos se espera que continúen velando por la seguridad y prosperidad de sus descendientes, de la misma manera como lo hicieran en vida. A menudo, estos espíritus también presentan ambos pares de oposiciones que se describieron para el ser supremo, de modo que es frecuente en la plegaria la invocación al Anciano Machi, la Anciana Machi, el Joven Machi y la Joven Machi. Lo mismo se repite con los demás seres míticos y los antepasados.

Los espíritus de los gloriosos antepasados de un linaje se personifican en el Pillán, que vive detrás de las montañas, en el oriente o puel mapu. Es considerado como aquel de los seres sobrenaturales que está más cerca del hombre, por lo que su invocación constituye el primer peldaño en el ascenso hacia el mundo sagrado.

Las fuerzas naturales, íntimamente ligadas a las creencias, han dado una connotación mítica a las partes de la tierra. Dos puntos cardinales están relacionados con el Bien: el sur, portador de buenos vientos que traerán bonanza, suerte y abundancia, y el oriente que es el lugar más cargado de sentido religioso. De este modo, por lo general, la RUKA mapuche tiene su entrada hacia el este; los nguillatué o figuras de madera antropomorfas que presiden el NGUILLATUN o rogativa, también están orientados hacia la cordillera, sitio que debe mantenerse despejado mientras dure la ceremonia. El machi instala su REWE hacia este mismo punto de manera que al mirarlo, dirija hacia el Oriente sus plegarias.

Los colores del cielo, azul y blanco, están cargados de valoraciones positivas y se relacionan con los objetos sagrados. Las banderas o estandartes de los machi sólo mezclan estos colores. La estatuaria sagrada es decorada con dos líneas paralelas, azul y blanco, que pintan bajo los ojos y sobre la nariz de las figuras. De esta misma forma pintan la cara de los participantes del baile en el nguillatun, oportunidad en que es considerado de buen gusto vestir con prendas que lleven estos colores.

El folie o canelo es el árbol sagrado por excelencia, portador de atributos divinos y mensajero de la paz. El maqui (arbusto con pequeños frutos comestibles), el laurel y el manzano también asumen estas características y su uso es frecuente en la decoración de lugares y elementos religiosos, ritos chamánicos y plegarias.

Con la influencia del cristianismo se ha perdido mucho de la concepción dual de las deidades mapuches, generándose una nueva, más cercana al monoteísmo. Es así como actualmente se designa al ser supremo como el Padre Dios o Chau Dios, creador o dueño de los hombres y de la tierra. Las tradicionales oposiciones dobles de atributos para las deidades aún se encuentran, sin embargo, en los cantos y plegarias de los machi, elementos rituales que, por ser transmitidos de generación en generación, conservan un marcado tradicionalismo tanto en su estructura como en contenido.

Estas mismas influencias extrañas han producido una confusión dentro de los mismos mapuches respecto al PILLÁN, al cual algunos conciben como una deidad y otros como demonio, presumiblemente caracterizado como tal por los misioneros, debido a que reside en la región de los volcanes y a su atributo de gobernar y hacerse representar en erupciones, rayos, truenos y otros elementos catastróficos.

NAG MAPU y los espíritus maléficos

El mundo del mal, de las fuerzas ocultas y demoníacas, se encuentra bajo la tierra, en el nag mapu, lugar donde habitan seres y animales monstruosos que se alimentan de carne o sangre humana.

El color asociado a este elemento es el negro y las fuerzas que en él predominan son la desgracia, enfermedad, muerte, mala suerte y miseria.

El lugar geográfico que corresponde a ese mundo es el norte, de donde proviene el viento portador de mal tiempo, que arruina las cosechas. El oeste, donde se esconde el sol y moran las almas de los muertos, también es objeto de temor y recelo.

Este mundo maléfico está poblado por los wekufu, una serie de seres míticos que, en representaciones zoo-antropomorfas, recorren la tierra mapuche sembrando desgracias, calamidad y muerte.

El Witranalwe, espíritu de un hombre muy alto y esquelético, que galopa de noche por los campos vestido de una larga manta negra, asalta a los hombres y es presagio de desgracias. Aquel que se asocia a él se hace rico fácilmente, pero se condena a vivir y a mantenerlo consigo para siempre. Es objeto de gran temor y su presencia es detectada a menudo en la oscuridad de los campos.

El espíritu intranquilo de una muchacha muerta, si es despertado por una bruja, surge de su tumba y se convierte en su aliado y cómplice. Es el Anchimallén, que tiene los ojos incandescentes como dos brasas encendidas.

El Ñakin o infante que atrae a los viajeros a los pantanos con su llanto y el Chon-chon, cabeza de bruja alada, son otras figuras que integran esta pléyade de monstruos con figuras humanas.

Animales mitológicos que también pueblan este mundo, son el Piwichén o serpiente alada, el Ngurru vilu o zorro con cola de culebra, el Wallipeñ u oveja deforme y otros, todos los cuales chupan la sangre o la respiración de los seres humanos, causándoles la muerte por consunción. El Cherrufe es una especie de aerolito o luz fugaz que atraviesa el cielo y anuncia calamidades.

Las KALKU (brujas) y el origen de las enfermedades

Hay personas que se relacionan con el lugar subterráneo donde moran las fuerzas del mal, ellas son las kalku o brujas y tienen poder para invocar la ayuda de los wekufu en sus empresas demoníacas.

Por lo general, son de sexo femenino y viven alejadas de sus grupos, en medio de los bosques y preferentemente en cuevas (renu). El mapuche manifiesta mucho temor y repulsión ante el poder de estos personajes, pero, en casos extremos, acude secretamente a ellos solicitando su cooperación.

Estos profesionales de la magia negra han heredado estas artes de sus antepasados, o bien adquieren su especialidad después de un lardo período de entrenamiento. De este modo, las mujeres ancianas viudas o solteras que viven en lugares retirados y tienen raro comportamiento, son consideradas brujas por los vecinos. Se cree que se juntan para la celebración de extraños y macabros ritos en ciertas cuevas profundas y oscuras.

El mapuche considera que la enfermedad o muerte no tienen causas naturales, sino que provienen de la acción de las fuerzas maléficas sobre una persona. Normalmente se culpa a un wekufu o a una kalku de provocarlas. En el primer caso, el machi sacará del cuerpo del afectado al demonio, y en el segundo, deberá descubrir al brujo que causó el mal y delatarlo. En épocas remotas, la persona acusada de artes de brujería era condenada a morir por ser peligrosa para la supervivencia de la comunidad.

Hoy son segregadas de los grupos y deben migrar o vivir aisladas.

Muerta una bruja, su alma no reposará en paz en las montañas o no irá a comer papas negras al otro lado del mar, sino que pasará a integrar el grupo de demonios, encarnándose en cualquiera de los seres ya descritos, especialmente el Chon-chon, para finalmente, radicarse en el cuerpo de otra kalku que será su sucesora.

Extractos del libro ¨Mapuches, semillas de Chile¨, Museo Chileno de Arte Precolombino. 2009

 

Fuente:
Diccionario de Mitos y Leyendas - Equipo NAyA
http://www.cuco.com.ar/

 

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Última modificación de esta página 25-06-2015 .